Río de Janeiro trata de volver a la normalidad tras el sangriento enfrentamiento entre integrantes del Comando Vermelho y la Policía, que desde el martes dejó más de 120 muertos y cientos de heridos.
Río de Janeiro. La lluvia cae con intensidad sobre la ciudad, agravando la crisis de los comerciantes que aún no se recuperan del impacto de los operativos contra el narcotráfico iniciados a principios de esta semana.
Datos oficiales de morgue (jueves 31 octubre): de 130 cuerpos, 99 identificados; 78 con antecedentes penales. Quedan 28-29 sin reconocer. Gobierno promete identificar pronto. Incautaron 118 armas (91 fusiles, 29 pistolas), 14 explosivos y 1 tonelada de drogas. Hay denuncias de ejecuciones extrajudiciales.
A pesar de la violencia, el sector turístico se mantiene activo. Los hoteles están llenos, aunque los turistas evitan las calles y los negocios. Ezequiel, un visitante de Neuquén, comentó: “Llegamos ayer, todavía no pudimos recorrer mucho, pero por lo que se ve, una ciudad muy grande y muy linda”.
Respecto a la situación del narcotráfico, Ezequiel mencionó: “No, por ahora nada. Vimos esos carteles que pusieron en la orilla de la playa, pero nada”. En Copacabana, los turistas se encuentran con una nueva postal: cruces en la arena con las fotografías de policías caídos en la lucha contra el narcotráfico.
En Copacabana, las playas están desiertas: los turistas, confinados en hoteles llenos a capacidad máxima, evitan salir. La avenida Atlántica muestra ahora cruces clavadas en la arena con fotografías y ramos de flores en memoria de los policías caídos en los enfrentamientos.
A 15 minutos del centro, en la favela de Penha —una de las zonas más peligrosas—, persiste el control de carteles de mafia y corrupción. Pese a los 134 muertos, 120 detenidos y los operativos visibles de policía militar, civil y retenes en los alrededores, las fuerzas de seguridad no dominan completamente el área.
Desde la entrada de la favela hasta el hospital hay 15 cuadras; hasta la plaza donde se depositaron cuerpos para reconocimiento, siete más. En una ciudad de 17 millones de habitantes, todo parece cercano.
En la puerta de Penha, Cauã, amigo íntimo de varias víctimas, habló con Cadena 3. Vecinos y familiares aseguran que muchos fallecidos eran inocentes. «De cuatro que murieron, nunca tocaron un arma. Eran de la iglesia. Un amigo mío era mototaxi», dijo. Agregó que se los presentó como traficantes en medios, pero que eran inocentes y murieron en los operativos.
El Gobierno de Brasil realizó una conferencia de prensa y prometió identificar en las próximas horas a los cadáveres no reconocidos y a los hospitalizados. Río de Janeiro, capital mundial del turismo, ve hoteles repletos pero restaurantes, bares y calles vacíos.
Ayer, a las 19 horas, las rutas estaban desiertas. Muchos turistas son argentinos, atraídos por precios más bajos que veranear en Argentina. Florencia, de Neuquén, viajó con su hijo Bautista. Consultó con la operadora antes de venir, que aseguró tranquilidad; planean ir a Búzios, más calmado. «Hoy es el primer día que salimos a la playa, con los ojos puestos en él», dijo al ver las cruces de policías.
«Es bastante fuerte, pero ya teníamos todo pagado. Si seguía, lo cancelábamos. Acá estamos, cuidando mucho a mi hijo». Cruzaron desde el hotel en Copacabana, se sacaron una foto con las cruces y regresaron inmediatamente, esperando un tour a Búzios.
Para ingresar a las favelas, se debe pedir permiso a quienes las controlan, pese a identificarse. La policía patrulla la playa en uniformes negros con un fluorescente gigante que los identifica, caminando en fila para transmitir seguridad y alentar a los turistas a salir.
