Jóvenes y no tan jóvenes de todo el mundo eligen California como destino para cultivar cannabis y obtener una gran remuneración a cambio. Un cordobés y una catalana derribaron mitos en diálogo.

La cosecha de marihuana se convirtió en la meca del trabajo golondrina no solo para los argentinos sino para todo el mundo. El destino más elegido es el «triángulo esmeralda», que se considera el epicentro del cultivo de cannabis en Estados Unidos y está conformado por los condados de Trinity, Mendocino y Humboldt.
En esa zona, se instalaron en los años ’60 distintas comunidades impulsadas por el hippismo de la época que buscaban un lugar propio para cultivar marihuana.
Actualmente, hay alrededor de 20 mil granjas y se trata de la mayor producción de cannabis en Estados Unidos. El crecimiento a niveles industriales comenzó en 1996, cuando se aprobó en el estado de California el cultivo de cannabis medicinal. Ya en 2018, se legalizó el consumo recreativo para los mayores de 21 años, así como la compra, la posesión y el consumo de hasta 28,5 gramos.
Un joven cordobés, que prefirió preservar su nombre y al que llamaremos Sebastián, se encuentra actualmente trabajando en una granja de California. En Diálogo contó cómo es la actividad laboral y sus riesgos.
«Aquí se realizan dos actividades: el trabajo de campo, que es muy amplio y se suele pagar por hora; y el trimming, que es el proceso final para dejar la marihuana lista para la venta, que es el recorte de los cogollos, su pulido, y se paga por producción», explicó.
«Es un trabajo que deja muchísimo dinero. Actualmente gano alrededor de 200 dólares diarios y hay gente que gana entre 400 o 500 dólares por día», detalló.
«A los argentinos, con el tipo de cambio que tenemos, nos sirve un montón»
«Estoy en una granja muy grande, es legal y contrata, aunque nosotros entramos como turistas y trabajamos de forma ilegal», dijo respecto a las condiciones de su trabajo.
Asimismo, aseguró que ir a cosechar a California «no es un paraíso», ya que se viven «muchas situaciones de estrés». «Ingresar ilegal y trabajar de esa manera hace que muchos sean estafados por los dueños de las granjas», detalló.
Respecto a su rutina diaria, indicó: «Yo me levanto a las seis de la mañana. Trabajo entre 10 y 14 horas diarias sin descanso, de lunes a lunes. Todos venimos por tiempo limitado; entonces, mientras más trabajemos, mejor. Eso es el trabajo de campo».
«El trimming, que no hay mucho trabajo en este momento, se paga por producción, entonces uno elige cuánto trabajar y depende de su velocidad para hacer dinero. Eso se paga por libra y cada granjero fija el precio de la libra», añadió.
